Ya, pues, con dolor creo

Que eres más riguroso que la tierra,

Más duro que la roca,

Pues te alcanza el soldado envuelto en guerra,

Y en ella mi alma por jamás te toca.

Mira que es gran rigor: dame siquiera

Lo que de ti desprecia tanto avaro,

Por el oro en que alegre considera,

Hasta que da la vuelta el tiempo claro;

Lo que había de dormir en blando lecho