Envejecer en brazos de la suerte.

Del tiempo el ocio torpe, y los engaños

Del paso de las horas y del día

Reputaban los nuestros por extraños.

Nadie contaba cuánta edad vivía,

Sino de qué manera: ni aun un hora

Lograba sin afán su valentía.

La robusta virtud era señora,

Y sola dominaba al pueblo rudo;

Edad, si mal hablada, vencedora.