El temor de la mano daba escudo

Al corazón, que, en ella confiado,

Todas las armas despreció desnudo.

Multiplicó en escuadras un soldado

Su honor precioso, su ánimo valiente,

De sola honesta obligación armado.

Y debajo del cielo aquella gente,

Si no a más descansado, a más honroso

Sueño entregó los ojos, no la mente.

Hilaba la mujer para su esposo