La mortaja primero que el vestido;

Menos le vio galán que peligroso.

Acompañaba el lado del marido

Más veces en la hueste que en la cama;

Sano le aventuró, vengole herido.

Todas matronas y ninguna dama,

Que nombres del halago cortesano

No admitió lo severo de su fama.

Derramado y sonoro el Oceáno

Era divorcio de las rubias minas