Que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
El áspero dinero, ni el Oriente
Compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente;
Gala el merecimiento y alabanza;
Solo se codiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
Ni el cántabro con cajas y tinteros
Hizo el campo heredad, sino matanza.