Bien perfumadas, pero mal regidas,

Y alhajas las que fueron pieles solas.

Estaban las hazañas mal vestidas,

Y aún no se hartaba de buriel y lana

La vanidad de hembras presumidas.

A la seda pomposa siciliana,

Que manchó ardiente múrice, el romano

Y el oro hicieron áspera y tirana.

Nunca al duro español supo el gusano

Persuadir que vistiese su mortaja,