¡Ay, fortuna voltaria,

En mis prósperos fines siempre varia!

Al cristalino y mudo lisonjero

La bella dama en su beldad se goza,

Contemplándose Venus en la tierra,

Y al más rebelde corazón de acero

Con su vista enternece y alboroza,

Y es de las libertades dulce guerra:

El desamor destierra

De donde pone sus divinos ojos,