Y de ellos son despojos

Los purísimos castos de Diana,

Y en su belleza se contempla ufana.

Mas ¡ay! que un accidente,

Apenas puso el pulso intercadente,

Cuando cubrió de manchas,

Cárdenas ronchas y viruelas anchas

El bello rostro hermoso

Y lo trocó en horrible y asqueroso.

¡Ay, beldad malograda,