Mas ¡ay de aquel que hasta en el santo asilo
De la virtud arrastra la cadena,
La pesada cadena con que el mundo
Oprime a sus esclavos! ¡Ay del triste
En cuyo oído suena con espanto,
Por esta oculta soledad rompiendo,
De su señor el imperioso grito!
Busco en estas moradas silenciosas
El reposo y la paz que aquí se esconden,
Y solo encuentro la inquietud funesta