Y con dolientes quejas la importuno.

Salgo al ameno valle, subo al monte,

Sigo del claro río las corrientes,

Busco la fresca y deleitosa sombra,

Corro por todas partes, y no encuentro

En parte alguna la quietud perdida.

¡Ay, Anfriso, qué escenas a mis ojos,

Cansados de llorar, presenta el cielo!

Rodeado de frondosos y altos montes

Se extiende un valle, que de mil delicias