De la siniestra orilla un bosque umbrío

Hasta la falda del vecino monte

Se extiende: tan ameno y delicioso

Que le hubiera juzgado el gentilismo

Morada de algún dios, o a los misterios

De las silvanas Dríadas guardado.

Aquí encamino mis inciertos pasos,

Y en su recinto umbrío y silencioso,

Mansión la más conforme para un triste,

Entro a pensar en mi cruel destino.