Y a muerte le condena o cárcel dura.
¡Ah, dichoso el mortal de cuyos ojos
Un pronto desengaño corrió el velo
De la ciega ilusión! ¡Una y mil veces
Dichoso el solitario penitente
Que, triunfando del mundo y de sí mismo,
Vive en la soledad libre y contento!
Unido a Dios por medio de la santa
Contemplación, le goza ya en la tierra,
Y retirado en su tranquilo albergue