Observa reflexivo los milagros

De la naturaleza, sin que nunca

Turben el susto ni el dolor su pecho.

Regálanle las aves con su canto,

Mientras la aurora sale refulgente

A cubrir de alegría y luz el mundo.

Nácele siempre el sol claro y brillante,

Y nunca a él levanta conturbados

Sus ojos, ora en el oriente raye,

Ora, del cielo a la mitad subiendo,