Se erizan los cabellos, se estremecen

Mis carnes, y discurre por mis nervios

Un súbito rigor que los embarga.

Parece que oigo que del centro oscuro

Sale una voz tremenda que, rompiendo

El eterno silencio, así me dice:

«Huye de aquí, profano; tú, que llevas

»De ideas mundanales lleno el pecho,

»Huye de esta morada, do se albergan

»Con la virtud humilde y silenciosa