Que no es amor mi tímido alborozo,

Y me acobarda el rígido escarmiento,

Que ¡oh Piritöo! condenó tu intento

Y tu intento, Ixïón.

Lejos de mí sacrílega osadía:

Bástame que con plácido semblante

Aceptes, diosa, a mis anhelos pía,

Mi ardiente adoración.

Mi adoración y el cántico de gloria

Que de mí el Pindo atónito ya espera: