Baja tú a oírme de la sacra esfera

¡Oh radiante deidad!

Y tu mirar más nítido y süave,

He de cantar, que fúlgido lucero;

Y el limpio encanto que infundirnos sabe

Tu dulce majestad.

De pureza jactándose natura,

Te ha formado del cándido rocío

Que sobre el nardo al apuntar de estío

La aurora derramó;