A un pecho enamorado,

Si su tranquila amortiguada llama

Resbala por las faldas del collado,

No es para un corazón de quien ha huido

La ilusión lisonjera,

Cuando pidió, del desengaño herido,

Su triste antorcha a la razón severa.

Corta el hilo a mi acerba desventura,

Oh tú, sueño piadoso;

Que aquellas horas que tu imperio dura