Se iguala el infeliz con el dichoso.

Ignorada de sí yazca mi mente,

Y muerto mi sentido;

Empapa el ramo, para herir mi frente,

En las tranquilas aguas del olvido.

De la tumba me iguale tu beleño

A la ceniza yerta,

Solo ¡ay de mí! que del eterno sueño,

Mas felice que yo, nunca despierta.

Ni aviven mi existencia interrumpida