Y al grande impulso de su justa saña

Rompió el volcán que en su interior hervía.

Sus déspotas antiguos

Consternados y pálidos se esconden;

Resuena el eco de venganza en torno,

Y del Tajo las márgenes responden:

«¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río,

Los colosos de oprobio y de vergüenza

Que nuestro bien en su insolencia ahogaban?

Su gloria fue, nuestro esplendor comienza;