Con gritos de soberbia el viento llenan;

Gimen los yunques, los martillos suenan,

Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso

Pensáis que espadas son para el combate

Las que mueven sus manos codiciosas?

No en tanto os estiméis: grillos, esposas,

Cadenas son que en vergonzosos lazos

Por siempre amarren tan inertes brazos.

Estremeciose España

Del indigno rumor que cerca oía,