Y él va a estrellarse al áspero bajío.

Llega el momento, en fin; tiende su mano

El tirano del mundo al occidente,

Y fiero exclama: «El occidente es mío.»

Bárbaro gozo en su ceñuda frente

Resplandeció, como en el seno oscuro

De nube tormentosa en el estío

Relámpago fugaz brilla un momento

Que añade horror con su fulgor sombrío.

Sus guerreros feroces