De tormenta en tormenta despeñado,

Por los yermos del mar; ya ni en su popa

Las guirnaldas se ven que antes le ornaban,

Ni en señal de esperanza y de contento

La flámula riendo al aire ondea.

Cesó en su dulce canto el pasajero,

Ahogó su vocerío

El ronco marinero,

Terror de muerte en torno le rodea,

Terror de muerte silencioso y frío;