Y allá sobre los altos Pirineos,

Del hijo de Jimena

Animarse los miembros giganteos.

En torvo ceño y desdeñosa pena

Ved cómo cruzan por los aires vanos;

Y el valor exhalando que se encierra

Dentro del hueco de sus tumbas frías,

En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra!

¡Pues qué! ¿Con faz serena

Vierais los campos devastar opimos,