Y a recorrer tus cuerdas

Mi ya trémula mano se resiste!

Ven, lira del dolor. ¡Piedad no existe!

¡No existe, y vivo yo! ¡No existe aquella

Gentil, discreta, incomparable amiga,

Cuya presencia sola

El tropel de mis penas disipaba!

¿Cuándo en tal hermosura alma tan bella

De la corte española

Más digno fue y espléndido ornamento?