Y el agua que a su empuje se encumbraba

Y hasta las altas grímpolas saltaba.

El dulce soplo de Favonio en tanto

Las velas hinche del bajel ligero,

Sin que salude con festivo canto

La suspirada costa el marinero.

Ardiendo de la patria en fuego santo,

Insensible al horror del bronce fiero,

Fijar te miro impávida y serena

La planta breve en la menuda arena.