De nuevo extraño bulto,

Sombra confusa, que se acerca y crece,

La angustia dobla de mi horror primero.

Mas ¡cuál mi asombro fue cuando improvisa

A la pálida luz mi vista errante

Los bellos rasgos de Piedad divisa

Entre los pliegues del cendal flotante!

«¿Por qué, por qué benigna,»

Clamé bañado en llanto de alborozo,

«Osas pisar, Señora,