Que hacia mí sin cesar su mano agita

Con labio mudo y sonreír funesto.

Salto del lecho, y sígole azorado,

Cruzando los revueltos corredores

De aquella triste y lóbrega caverna

Hasta un breve recinto iluminado

De moribunda y fúnebre linterna.

Y a par que por oculto

Tránsito desparece

Como visión fantástica el cerbero,