Cuando sordo a mis quejas

Rayaba apenas en las altas rejas

El perezoso albor del nuevo día.

De planta cautelosa

Insólito rumor hiere mi oído;

Los vacilantes ojos

Clavo en la ruda puerta estremecido

Del súbito crujir de sus cerrojos,

Y el repugnante gesto

Del fiero alcaide mi atención excita,