Menos al son del oro empedernido
Que al eco de los míseros que gimen,
Quisiera el ceño soportar? Perdona,
Cara Piedad, que mi indiscreta musa
Publique al mundo tan heroico ejemplo,
Y que mi gratitud cuelgue en el templo
De la santa Amistad digna corona.
En el mezquino lecho
De cárcel solitaria
Fiebre lenta y voraz me consumía,