Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.

Yo digno soy de contemplarte: siempre,

Lo común y mezquino desdeñando,

Ansié por lo terrífico y sublime.

Al despeñarse el huracán furioso,

Al retumbar sobre mi frente el rayo,

Palpitando gocé: vi al Océano

Azotado del austro proceloso

Combatir mi bajel, y ante mis plantas

Sus abismos abrir, y amé el peligro,