Y sus iras amé: mas su fiereza

En mi alma no dejara

La profunda impresión que tu grandeza.

Corres sereno y majestuoso, y luego

En ásperos peñascos quebrantado,

Te abalanzas violento, arrebatado,

Como el destino irresistible y ciego.

¿Qué voz humana describir podría

De la sirte rugiente

La aterradora faz? El alma mía