Vi mentidos filósofos que osaban

Escrutar tus misterios, ultrajarte,

Y de impiedad al lamentable abismo

A los míseros hombres arrastraban:

Por eso siempre te buscó mi mente

En la sublime soledad: ahora

Entera se abre a ti; tu mano siente

En esta inmensidad que me circunda,

Y tu profunda voz baja a mi seno

De este raudal en el eterno trueno.