Las flores en abrojos convirtieron,

Y de afán tanto y tan soñada gloria

Solo quedó una tumba, una memoria.

¡Pobre Teresa! ¡Al recordarte siento

Un pesar tan intenso! Embarga impío

Mi quebrantada voz mi sentimiento,

Y suspira tu nombre el labio mío:

Para allí su carrera el pensamiento,

Hiela mi corazón punzante frío,

Ante mis ojos la funesta losa,