Mas ríe al horizonte tu hermosura,

Y huyó la tempestad.

Y allá del trono do esplendente subes

Riges el curso al férvido Oceáno,

Cual pecho amante, que al mirar lejano

Hierve, de su beldad.

Mas ¡ay! que en vano en tu esplendor encantas:

Ese hechizo falaz no es de alegría;

Y huyen tu luz y triste compañía

Los astros con temor.