Ya que escuchaste un día mi plegaria,

Y un ser humano en tu corola vi.

Ven mi tumba a adornar, triste viola,

Y embalsama mi oscura soledad;

Sé de su pobre césped la aureola

Con tu vaga y poética beldad.

Quizá al pasar la virgen de los valles,

Enamorada y rica en juventud,

Por las umbrosas y desiertas calles

Do yacerá escondido mi ataúd,