Y mis amantes ¡ay! tal vez se engríen

Del yugo que me humilla!

¿Y tú lo sufres, corazón cobarde?

¿Y de tu servidumbre haciendo alarde,

Quieres ver en mi frente

El sello del amor que te devora?...

¡Ah! velo, pues, y búrlese en buen hora

De mi baldón la gente.

¡Salga del pecho —requemando el labio—

El caro nombre, de mi orgullo agravio,