Ya que no al corazón, pasto a los ojos.

Y una viola, que al favonio blando

Columpiaba su tímida corola,

Quise arrancar... Mas súbito, clavando

Mis ojos en el césped, donde sola

Daba al favonio sus esencias puras,

Respeté por el césped la viola...

¡Guirnalda funeral, de desventuras

Y lágrimas nacida, eran las flores

De aquel vasto jardín de sepulturas!