Del huracán, que asalta las estrellas,

Y rebraman, mostrando embravecidas

Que el aliento de Dios se encierra en ellas,

Aprendas las canciones dirigidas

Al que para en su curso las centellas,

Y resuene tu voz de polo a polo,

De su grandeza intérprete tú solo.

DON RAMÓN DE CAMPOAMOR

89. ¡Quién supiera escribir!

I