Se quejaba tan dulce y blandamente

Como si no estuviera de allí ausente

La que de su dolor culpa tenía;

Y así, como presente,

Razonando con ella, le decía.

SALICIO

—¡Oh más dura que mármol a mis quejas,

Y al encendido fuego en que me quemo

Más helada que nieve, Galatea!

Estoy muriendo, y aun la vida temo;