Témola con razón, pues tú me dejas;

Que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.

Vergüenza he que me vea

Ninguno en tal estado,

De ti desamparado,

Y de mí mismo yo me corro agora.

¿De un alma te desdeñas ser señora,

Donde siempre moraste, no pudiendo

Della salir un hora?

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.