Cuantos guardáis la tímida inocencia

Que a la esperanza y al amor convida;

Los que en el alma la impalpable esencia

De su primer amor lloráis perdida;

Cuantos con dolorosa indiferencia

Vais apurando el cáliz de la vida;

Todos llegad, y bajo el bosque umbrío

Sentid las noches del ardiente Estío.

Las del tirano amor, desengañadas,

Pálidas y dulcísimas doncellas,