Vosotras que lloráis desconsoladas

Solo el delito de nacer tan bellas;

Mirad entre las nubes sosegadas

Cómo cruzan el cielo las estrellas;

Que no hay duda, ni afán, ni desconsuelo

Que no se calme contemplando el cielo.

Y tú, tierna a mi voz, blanca hermosura,

Fuente de virginal melancolía,

Más hermosa a mis ojos y más pura

Que el rayo azul con que despunta el día;