¡cuántos, con risa, viéronle caído!
Acomete a quiméricos gigantes,
de sus delirios prodigiosa hechura,
y es de niños escarnio y de ignorantes.
Mas él, dándoles cuerpo, se figura
limpiar de monstruos la afligida tierra,
y llanto arranca al bueno su locura.
Así debe sufrir, en cruda guerra,
(sin vergonzoso pacto ni sosiego)
contra el mal, que a los débiles aterra,