el que abrasado en el celeste fuego
de inagotable caridad, no atiende
solo de su interés el torpe ruego.
Árbol de seco erial, las ramas tiende
al que rendido llega de fatiga,
y del sol, cariñoso, le defiende.
Él sabe que sus frutos no prodiga
heredad que se deja sin cultivo;
sabe que del sudor brota la espiga,
como de agua sonoro raudal vivo,