El caballero, que esto oyó, dijo:
—Mal haya mujer que tan gran traición pensó para facer morir los mejores dos caballeros del mundo.
E sacando su espada de la vaina, la mató e fué cuanto el caballo llevarle pudo, dando voces, diciendo:
—Estad, señor Amadís; que ese es vuestro hermano don Galaor, el que vos buscáis.
Cuando Amadís lo oyó, dejó caer la espada y el escudo en el campo, e fué contra él, diciendo:
—¡Ay, hermano! Buena ventura haya quien nos fizo conocer.
Galaor dijo:
—¡Ay, cativo malaventurado! ¿Qué he fecho contra mi hermano e mi señor?
E hincándosele de hinojos delante, le demandó llorando perdón. Amadís lo alzó e abrazólo, e dijo:
—Mi hermano, por bien empleado tengo el peligro que con vos pasé, pues que fué testimonio que yo probase vuestra tan alta proeza e bondad.