—Desto no podéis ver la verdad si el manto no hobierdes —dijo el caballero.

E la Reina, que mucho al Rey amaba, hobo sabor de haber el manto, e dijo:

—Caballero, daros he yo por ese manto lo que quisierdes.

Y el Rey dijo:

—Demandad por el manto e por la corona lo que vos pluguiere.

—Señor —dijo el caballero—, yo vo a gran cuita emplazado de aquel cuyo preso soy, e no tengo espacio para me detener ni para saber cuánto estas donas valen; mas yo seré con vos en las cortes de Londres, y entre tanto quede a vos la corona e a la Reina el manto, por tal pleito, que por ello me deis lo que vos yo demandare, o me lo tornéis, e habréislo ya ensayado e probado.

El Rey dijo:

—Caballero, agora creed que vos habréis lo que demandardes, o el manto e la corona.

El caballero dijo:

—Señores caballeros e dueñas, ¿oís vos bien esto que el Rey e la Reina me prometen, que me darán mi corona e mi manto, o aquello que les yo pidiere?