—Cierto —dijo Barsinan— de grado tomaría yo cualquier trabajo que ende venir me pudiese, con tal que rey pudiese ser.
—Tú respondes como sesudo —dijo Arcalaus— e yo haré que lo seas, si creerme quisieres y me ficieres pleito que me farás tu mayordomo mayor, e no me lo quitarás todo el tiempo de mi vida.
—Eso faré yo muy de grado —dijo Barsinan—; e decidme por cuál guisa se puede hacer lo que me decís.
—Yo os lo diré —dijo Arcalaus—. Id vos a la primera corte que el rey Lisuarte ficiere, e llevad gran compaña de caballeros; que yo prenderé al rey en tal forma que de ninguno de los suyos pueda ser socorrido; e aquel día habré a su fija Oriana, que vos daré por mujer; y en cabo de cinco días enviaré a la corte del rey su cabeza. Entonces punad vos por tomar la corona del rey, que siendo él muerto, e su hija en vuestro poder, que es la derecha heredera, no habrá persona que vos contrariar pueda.
—Cierto —dijo Barsinan—; si vos eso hacéis, yo vos haré el más rico e poderoso hombre de cuantos comigo fueren.
—Pues yo haré lo que digo —dijo Arcalaus.
Por esta causa que oís vino a la corte este gran señor de Sansueña, Barsinan, al cual el rey salió con mucha compaña a lo recebir, creyendo que con sana e buena voluntad era su venida; e mandóle aposentar, e a toda su compaña, e darle las cosas todas que menester hobiesen; mas dígovos que viendo él tan gran caballería, e sabido el leal amor que al rey Lisuarte habían, mucho fué arrepentido de tomar aquella empresa, creyendo que a tal hombre ninguna adversidad le podía empecer. E hablando con el Rey, le dijo:
—Rey, yo oí decir que hacíades estas grandes cortes, e vengo ahí por vos hacer honra; que yo no tengo tierra de vos, sino de Dios, que a mis antecesores e a mí libremente dió.
—Amigo —dijo el Rey—, yo os lo agradezco mucho.
Otro día de mañana vistió el Rey sus paños reales, cuales para tal día le convenían, e mandó que le trajesen la corona que el caballero le dejara, y que dijesen a la Reina que se vistiese el manto. La Reina abrió el arqueta, en que todo estaba, con la llave que ella siempre en su poder tovo, e no halló ninguna cosa dello, de que muy maravillada fué, e comenzóse de santiguar y enviólo decir al Rey; e cuando lo supo, mucho le pesó, pero no lo mostró así ni lo dió a entender; e fuese para la Reina, e sacándola aparte, díjole: