—Ni yo quedaré sin él —dijo Gandalín.

—Creo, señor —dijo Gandales—, que los habréis de llevar ambos, que se no quieren partir.

—Mucho me place —dijo el Rey.

Entonces lo tomó cabe sí y mandó llamar a su fijo Agrajes; e díjole:

—Fijo, estos donceles ama tú mucho; que mucho amo yo a su padre.

Cuando Gandales esto vió, apenas pudo contener el llanto. El Rey, que los ojos llenos de agua le vió, dijo:

—Nunca pensé que érades tan loco.

—No lo só tanto como cuidáis —dijo él—; mas si os pluguiere, oídme un poco ante la Reina.

Entonces mandaron apartar a todos, e Gandales les dijo:

—Señores, sabed la verdad deste Doncel que lleváis, que lo yo fallé en la mar. —Y contóles por cuál guisa, e también dijera lo que de Urganda supo, sino por el pleito que fizo—. Agora faced con él lo que debéis; que así Dios me salve, según el aparato que él traía, yo creo que es de muy gran linaje.