Erratas. En la nota última de la pág. 7, donde dice su Infierno, debe decir el Infierno de su Divina Comedia.

Y en la línea undécima de la pág. 81, donde dice aspergios debe decir arpegios.


LIBRO TERCERO


1. E tenebris tantis tam clarum extollere lumen...

Á ti ¡oh varón ilustre, gloria de las gentes griegas, primero que de tenebrosa obscuridad supo extraer clara luz que iluminase los senderos de la vida! á ti sigo. Sobre las huellas de tus pasos coloco mis piés, no porque pretenda rivalizar contigo, sino porque deseo imitarte. ¿Cómo podría la golondrina contender con el cisne, ó cómo débil cordero de miembros trémulos podría disputar en la carrera con fogoso caballo? ¡Oh genio creador de la ciencia! Tus sabias lecciones son para nosotros rico patrimonio, y en tus discursos, lo mismo que en el floreciente prado la abeja liba miel de color de rosa, nosotros tomamos áureos conceptos, áureos y dignos de ser repetidos eternamente. Bastó que tu razón clamara que el orden universal no era obra de inteligencia divina, para que se disiparan los terrores del ánimo y el Mundo quedara abierto á nuestra investigación: vemos el Todo formarse en el vacío, y se nos aparece el poder de los dioses en sede neutral jamás sacudida por los vientos ni rociada por nubes tempestuosas, ni violada por los copos de nieve que penetrante frío condensa, pero rodeada siempre del límpido éter lleno de sonriente luz difundida á largas distancias. La Naturaleza todo lo da hecho á los dioses; éstos no sienten alterada en ningún tiempo y con motivo alguno la paz del ánimo: por lo contrario, nunca ven los antros aquerusios, y pueden siempre observar, sin que bajo sus piés les estorbe el suelo, todas las escenas que se ejecutan en el vacío. Ante esas consideraciones experimento divino placer y cierto asombro, porque, merced á tus investigaciones, están para nosotros de manifiesto los arcanos todos y toda la obra de la Naturaleza.

31. Et quoniam docui, cunctarum exordia rerum...

Hasta aquí he discurrido acerca de los elementos que son principios constitutivos de todas las cosas, y acerca de las distintas figuras de las moléculas que espontáneamente giran en el espacio con movimiento eterno. Ahora debemos estudiar la naturaleza del ánimo, aclarar en qué consiste la esencia del alma, y poner en ruinas el temible Aqueronte[29], que turba todo bienestar de la vida humana, tiñe todas las cosas con las preocupaciones de la muerte, y no permite el goce tranquilo de ningún placer puro y honesto.

[29] Aqueronte, río de Epiro, llamado hoy Veliqui; río del infierno, según los poetas; el infierno mismo.