Cuando en medio de un río que pasamos por un vado se detiene el caballo que montamos y dirigimos la vista hacia las aguas, nos parece que el cuadrúpedo, aunque inmóvil, es llevado contra la corriente; y si á cualquiera otra parte convertimos la mirada creeremos que todos los objetos son arrastrados de igual manera.
Si contemplamos un pórtico de columnas paralelas é iguales, de modo que nuestra vista domine toda su extensión en sus dimensiones de longitud y latitud, notaremos que las columnas parecen juntarse cada vez más; que se estrecha el espacio que las separa; que el techo se aproxima al suelo; que los dos lados se tocan; y por último, veremos una capacidad confusa de forma cónica: los navegantes, que no ven más que cielo y agua, piensan que el Sol nace en las ondas y que en ellas oculta su fulgor. No creas, temerario, por estos hechos que los sentidos engañen.
Las naves en el mar batidas por el oleaje parecen destrozadas y con las banderolas deshechas, al ignorante que desde el puerto las mira; porque observa que una parte de los remos y del timón es recta, pero otra parte, sumergida en las aguas, por efecto de la refracción de la luz, á sus ojos se ofrece como si estuviera rota: durante la noche suelen verse espléndidos astros que más allá de las nubes se mueven, por el viento impelidos, en dirección opuesta á aquéllas; y claro es que vemos lo contrario de lo que es en realidad: si con un dedo te haces presión en la parte inferior del globo ocular podrás ver duplicadas las cosas; contemplarás dos luces en cada luz que mires, dobles los muebles de tu casa y los hombres con dos rostros y dos cuerpos.
449. Denique, cùm suavi devinxit membra sopore...
Finalmente; cuando el sueño domina los sentidos con dulce sopor y el cuerpo yace en completo reposo, nos parece en ocasiones que estamos vigilantes y que nuestros miembros se mueven: en noche envuelta por densa obscuridad, creemos ver el Sol y gozar de la luz diurna; que varían de lugar los astros, el mar, los ríos, los montes; que recorremos á pié campos extensos; que de noche en el silencio oimos varios ruidos, y por último, que respondemos cuando estamos callados. Aunque muchos hechos de esa especie sean, en verdad, sorprendentes, no deben servir para quebrantar la confianza que tengamos en el testimonio de los sentidos, por más que den como realidades ilusiones fantaseadas por el ánimo y en algunas veces creamos distinguir cosas que no pueden existir. Difícil es, ciertamente, el fijar la diferencia que existe entre las apariencias fenomenales y la realidad de las cosas, pero no debe el ánimo dejarse vencer por las dudas.
Quien dice que nada se sabe, afirma contra su propia opinión; pues nada podrá saber aquél que confiesa que no puede saberse nada[46]. No pretendo contender con el que se pone en desacuerdo consigo mismo; pero si concediese como probado el principio de que nada se sabe, aún habría de preguntar al que negase toda seguridad en el juicio formado: ¿De qué medio se vale para diferenciar lo que sea saber y no saber, y dónde pudo adquirir noticia de la verdad y del error, ya que no es posible discriminar la duda y la certeza?
[46] Aristóteles decía á los escépticos: Ó sabéis ó no sabéis: si sabéis que no sabéis, algo sabéis; si no sabéis que no sabéis no podéis afirmar que no sabéis.
474. Invenies primis ab sensibus esse creatam...
Comprenderás que las ideas fundamentales provienen de los sentidos, que si no pueden engañar deben inspirarnos confianza, porque mediante la investigación de verdades nuevas ellos mismos pueden vencer sus antiguos errores. ¿Hay algo que nos merezca mayor fe que los sentidos? ¿Puede suponerse que la razón deponga contra ellos cuando todos los datos de que se vale solamente de los sentidos proceden? Si fueran falsos los antecedentes que ministran á la razón, falso ha de ser el juicio que ésta forme acerca de las cosas. ¿Podrá el oído corregir á los ojos, ó el tacto al oído? ¿Podrá el sabor rectificar al tacto, ó á los ojos el paladar? Entiendo que no, porque tiene cada aparato sensitivo su acción privativa y su peculiar energía; por esta causa ocurre que la blandura, la dureza, la frialdad y el calor se determinan por el órgano adecuado, el cual da también á conocer cómo sea lo blando, lo duro, lo frío y lo caliente; los colores de las cosas y todo lo que á los colores pertenece afectan á otro órgano, y separadamente el sabor, el olor y el sonido se originan en esfera propia. Es un hecho que unos sentidos no pueden corregir á otros ni reprenderse á sí mismos; luego todos deben inspirarnos igual confianza: lo que para los sentidos es verdad confirmada por el transcurso del tiempo, verdad es.
Y si la razón no pudiese alcanzar la causa de que los objetos realmente cuadrados nos parezcan redondos vistos á distancia, vale más traducir equivocadamente la defectuosa idea que tengamos de ambas figuras, que dejar escapar de la mano los hechos patentes, negar el principio de toda certeza y destruir los fundamentos en que descansa todo nuestro bienestar y nuestra vida. No solamente se trata de evitar que la razón por falta de base caiga arruinada, sino que la vida misma se haga imposible como sucedería en el instante en que dejáramos de confiar en los sentidos: hay que tramontar los precipicios que amenazan la existencia racional, poner en fuga los daños que puedan perjudicarla y atraer todo lo que la beneficie. Debes, pues, considerar como palabras baldías todas las que sirvan para declamar contra los sentidos.